“Una orden de cabrito enchilado porfavor…”

 

Por: Rafael Blancas C.

 

Cada 17 de julio la historia mexicana recuerda el asesinato de Álvaro Obregón, o mejor conocido como “el caudillo”. El país pasaba por diversas fracturas sociales como las restricciones para limitar y controlar el culto de la iglesia católica; fractura que se había desarrollado por la llamada “ley calles”, precisamente promulgada por el presidente Plutarco Elías Calles en 1926.

Dos años después, el 17 de julio de 1928 la historia haría registro de un acontecimiento lamentable, el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón.

El Caudillo y un grupo de seguidores se dirigieron al restaurant la Bombilla en la ciudad de México. Se narra que “El Manco” (debido a que una bomba le arrancó el brazo derecho en la Batalla de Celaya) pidió cabrito enchilado, sin saber que esa sería su última degustación.

Al lugar arribó un joven de profesión artística, era dibujante, su nombre José de León Toral. Originario de Matehuala San Luis Potosí, católico hasta los huesos. A Toral le tocó presenciar los allanamientos de Iglesias católicas por parte de las tropas de Obregón y Elías Calles en tiempos de la Revolución Mexicana. Estos acontecimientos lo impulsaron a formar parte de la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa.

Pero su convicción por la iglesia y las acciones por parte de las leyes promulgadas lo llevaron más allá que cualquier feligrés que asiste a misa en domingo.

Toral se acercó a Obregón para mostrarle uno de los bocetos que había hecho ahí mismo, con lo cual, de entre sus ropas sacó una pistola española Star calibre 32, apretando el gatillo en seis ocasiones, para así, acabar con la vida del originario de Navojoa Sonora, mientras al fondo, en el restaurant, una orquesta tocaba la pieza “el limoncito”.

Toral fue enjuiciado como un asesino en solitario, aunque se rumora, fue un plan de las altas élites.

Toral fue ejecutado 7 meses después a manos de un pelotón en la Penitenciaría Lecumberri. Consecuencia de ello, fue catalogado como mártir de la causa católica.

Sin embargo, a la lista de presidentes y candidatos a presidentes asesinados se agrega en 1865 Abraham Lincoln y 1863 John F. Kennedy en Estados Unidos, por mencionar solo dos; y en México, Luis Donaldo Colosio en 1994.

Es así, como se enmarca en la historia una lista negra de personajes a quienes les fue arrebatado el poder, y quiera Dios…que ojalá, en la historia, no se vuelva a escribir otro caso…

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